lunes, 3 de noviembre de 2014

Merienda terrorífica para el día de Halloween

Hasta hace unos años Halloween era una festividad al más puro estilo americano que pasaba completamente desapercibida para mí. Todo cambió cuando llegó a la familia la primera de mis sobrinas. A partir de entonces, empecé a ver la noche de Halloween como un pretexto más para protagonizar una pequeña celebración, para hacer eso que tanto me gusta y que en parte se lo debo a mis dos sobrinas, desempolvar la caja de las manualidades y personalizar un evento... Antes me consideraba una persona con inquietudes, creativa, amante de los DIY... Pero no fue hasta que nacieron ellas, cuando realmente despuntó ese afán por crear, por imaginar, por justificar cualquier día, evento o festividad como buenísima ocasión para celebrarlo y para peronalizarlo al máximo. Halloween no podía ser menos. Así que este año, el viernes por la mañana, por si había olvidado el día que era, mi sobrina María me dijo muy seria: 'Tita, hoy es la noche de Halloween, ¿qué me vas a preparar?' Es increíble lo que te motivan y te cambian la forma de pensar y de actuar los niños, inconsciente o conscientemente te sumergen en un mundo de fantasía, de constante alegría donde el más mínimo detalle, el que antes pasaba completamente desapercibido, ahora se convierte en un motivo vital para hacer algo. Así que el viernes por la tarde nos pusimos manos a la obra y preparamos una merienda terrorífica. 


 


Fue bastante improvisado, pero sabía que con muy poco podía quedar una merienda bastante apañada. Para la comida elegí cosas sencillísimas, unas galletas en forma de calabaza, unas piruletas de chocolate, batido de chocolate, donuts... Todas son cosas que encantan a los más pequeños. Bueno, y a los que no lo somos también... que no veais el placer que supone comer donuts de chocolate con el pretexto de que están ahí porque gustan a los niños.









Decidida la comida, sólo quedaba pensar en la decoración. Para ello utilicé una tela de araña que compré en Imaginarium, unos muñecos de cuerda muy terroríficos y unos troquelados que hice con unos papeles que también son de Imaginarium y que ya tenía del año pasado.


 






 


Y para vestir la mesa, servilletas personalizadas con unas arañas muy divertidas, un mantel naranja, las habituales botellitas de cristal con pajitas de papel en tonos naranjas... La mayoría son cosas que ya tenía. Es lo bueno de ir acumulando material en cada fiesta o evento que tematizamos, o sencillamente celebramos. Y como os comentaba antes, desde que las más pequeñas han llegado a la familia, cualquier día es un buen pretexto para hacerlo.


 



 













Disfrutamos de una tarde divertidísima. Las peques lo vivieron al máximo. No os podéis imaginar lo mucho que disfrutó Sofía. La verdad es que siempre que se junta con sus primas es una fiesta total.








  

1 comentario:

  1. Qué bonito Silvia! qué buen gusto tienes para montar las mesas! Me encanta todo!

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